Testimonios


Vanesa


Vanesa tenía quince años cuando su madre le regaló el primer móvil. Su alegría se convirtió en adicción en pocos meses. El WhatsApp, la red social de mensajería instantánea, fue su condena. Llegó a pasar diecisiete horas enganchada al teléfono. Si su madre se lo quitaba, lloraba como si se hubiera muerto un familiar cercano.

Ahora Vanesa solo puede conectarse dos horas al día. Los jueves es el día sin móvil. Ni WhatsApp ni conexión. Es su terapia. Su mundo real había dejador de existir. Todo sucedía a través del smartphone. Un equipo de Sin Filtros entrevista a Vanesa, habla con sus familiares y con expertos en adicciones. "Cuando me llamaban para ir a comer me llevaba el móvil al lado del plato y seguía mandando mensajes", explica Vanesa, que ahora tiene 17 años.

El caso de Vanesa abre el debate sobre el uso irracional del smartphone sin tener en cuenta la implicación y el tiempo que se dedica a las redes sociales y a las distintas aplicaciones. La situación de Vanesa fue tan grave que la familia acudió a la Asociación Riojana para la Atención a Personas con Problemas de Drogas. El doctor José Luis Rabadán, especialista en adicciones, se hizo cargo de este caso y durante más de 13 meses asistió a Vanesa con diversas terapias.“

Gustavo


”Gustavo  es un apasionado de las redes sociales y, de hecho se percibe en él en cuanto me recibe y atravesamos la curiosa entrada de su agencia de publicidad 101. Este granadino logró enseñar al mismísimo Papa Benedicto XVI a usar twitter, historia por la que está ya algo cansado que le pregunten porque el tema ya ha sido tratado desde todos sus puntos de vista en los medios de comunicación.

Centrados en una larga conversación sobre si los jóvenes hacen un buen uso o no de las redes sociales, dispara lo que es una verdadera confesión: «yo he estado enganchado a las redes sociales». Eso sí, no nos deja solo con el titular. Nos añade el subtílulo: «he logrado salir de esta adicción».«Me comprometí a que a partir de ese día encendería el móvil solo cuatro veces al día, y estaría conectado durante media hora, y que a las nueve de la noche lo apagaría».

Los primeros días fueron muy difíciles porque había adquirido un gran hábito, como un tic, de estar dando constantemente con el dedo al teléfono para que se encendiera la pantalla y ver cuantos mensajes tenía de sus seguidores. «Al principio, la mano se te va casi sola, sin pensarlo, al bolsillo del pantalón o la chaqueta para coger el móvil, y tienes que hacer un gran esfuerzo por no caer en la tentación. Se hace cuesta arriba, pero es posible superarlo».“

Daniel

"Me lo pasaba tan bien que se me iba el día entero sin darme cuenta. Si estaba 20 horas o más frente a la pantalla del ordenador era como si hubieran pasado veinte o treinta minutos". La cara de Daniel, de 17 años, se ilumina al recordar su vida anterior a junio, cuando sus padres -asesorados por el orientador del instituto al que ya nunca acudía- le obligaron a ir a una terapia para atajar su 'adicción' a Internet. "Mi día a día era levantarme. Si acaso, ir al instituto, al baño, dos o tres veces, comer y el resto estar en el ordenador. Acostarme a las tres de la madrugada, si no a las 6 algunos días, después de jugar a videojuegos, escuchar música o ver una peli o una serie. Siempre he sido de estar solo, haciendo lo que quiero, tranquilo y sin que nadie me moleste". Ahora Daniel no se pasa el día encerrado en su habitación. Tiene limitadas a dos horas su tiempo de esparcimiento frente a una computadora y un móvil sin datos.

Dos años estuvo en pie de guerra hasta que pidió ayuda a Proyecto Hombre de Sevilla, sede de una de las terapias pioneras en el abordaje de los problemas de comportamiento derivados del uso problemático de las nuevas tecnologías.
Ver más en: 

Martín


Creía que estar todo el día pensando en las redes era normal. «Pero las redes sociales me estaban robando la vida. Por mi adicción lo perdí todo, hasta la capacidad de relacionarme con la gente». Estuvo diez meses en terapia en Proyecto Hombre y otros seis de reinserción. Ahora está recuperado y sabe cómo poner coto cuando la cosa puede pintar mal.

Fue adicto al teléfono pero, como dice este varón de mediana edad que ha pasado el meridiano de la treintena, «el smartphonesolo era un instrumento, como puede ser un ordenador o una tableta. El problema no era el teléfono porque, de no tenerlo, habría usado otro medio para estar permanentemente conectado. Lo adictivo era navegar por una red social, porque era un modo de aislarme de los problemas reales que se presentan en el día a día, en la vida».

La familia y los amigos de Martín empezaron a atisbar el problema cuando este dejó de relacionarse con ellos. Todo ese entorno fue fundamental para la recuperación de este joven. «Al principio el modo de usar la red era normal, pero poco a poco fui aislándome del entorno que me rodeaba. Todo eso fue generándome conflictos a la hora de relacionarme de forma normal con la gente. Cuando estaba en público, estaba incómodo porque había perdido la capacidad de charlar con la gente real que sabía cómo era». El personaje de la Red había anulado al real, al que había tragado su avatar.

Por eso ahora le preocupa cuando ve a niños que aún no tienen edad ni para vestirse solos jugar constantemente con una tableta o tener una pataleta porque sus padres no les dejan continuar navegando: «Me preocupa que para tenerlos entretenidos algunos padres les den la tableta. Habrá algún niño que puedan manejarlo bien, pero otro no», dice. Y reconoce que la tecnología no es mala, pero hay que usarla bien.“

¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar